Muere Franco Baresi, histórico capitán del Milan y leyenda del fútbol italiano

hace 6 dias 72

Franco Baresi, leyenda del Milan y de la selección italiana, uno de los mejores defensas de la historia del fútbol mundial, ha muerto este viernes a los 66 años, según ha informado su club. “La historia del Milan está en lágrimas por el fallecimiento de Franco Baresi. Su ejemplo y su profundidad serán, para siempre, al igual que la camiseta con el número 6, parte integrante y fundamental del ADN y del recorrido de todo el club”, anunció el club rossonero. Y añadió: “Las condolencias que el AC Milan expresa a toda la familia de Franco Baresi son las mismas que cada aficionado rossonero se hace a sí mismo en un momento tan difícil como este”.

La Storia del Milan è in lacrime per la scomparsa di Franco Baresi. Il suo esempio e la sua profondità saranno, per sempre come la sua maglia numero 6, parte integrante e fondamentale del DNA e del cammino di tutto il Club. Le condoglianze che AC Milan porge alla famiglia tutta… pic.twitter.com/a8wNOCUc2o

— AC Milan (@acmilan) July 31, 2026

Cualquier aficionado con algunos años recuerda su estampa poderosa, su rostro antiguo de gladiador, con la camiseta por fuera, su autoridad robando balones, su omnipresencia en el área como líbero, término que en la imaginación infantil siempre tenía connotaciones épicas. Ya era un clásico siendo joven. Fue un pilar del histórico Milan de Sacchi y de Capello de los ochenta y noventa —línea de defensa mítica con Tassotti, Costacurta y Maldini—, y de la selección azzurra, hasta colgar las botas nada menos que en 1997, con 37 años. Era aparentemente indestructible, de hierro, y aún se recuerda que 25 días después de operarse del menisco jugó la final de Pasadena del Mundial del 1994 contra Brasil. Neutralizó nada menos que a Romario y Bebeto, pero luego falló el primer tiro en la tanda de penaltis y acabó entre lágrimas, otro episodio de la leyenda.

Baresi (Travagliato, 1960), de familia humilde de campesinos de la llanura padana de la comarca de Brescia, tuvo una infancia dura y su lucha por salir adelante marcó luego su carácter tenaz e incansable como futbolista. Huérfano de ambos padres ya a los 17 años, pegaba patadas al balón en su parroquia y llamaba la atención, aunque era bajito (luego llegó a 1,76) y en las pruebas de los grandes clubes lo acababan desdeñando. Le llamaban el Piscinin, el pequeñín, en dialecto milanés. También era Franchino, dicho con todo el cariño del mundo, porque para los aficionados del Milan era como de la familia, era el capitano, el mito. Baresi es uno de esos casos de simbiosis destinadas a ser eternas que a veces produce el fútbol entre un jugador y un equipo, como Totti y la Roma. Al final ha estado en el Milan medio siglo, como jugador y luego con cargos directivos. Fue la única camiseta que vistió en su vida, esa y la de la nazionale.

Comenzó a jugar al fútbol en el equipo de su ciudad natal, cerca de Brescia, junto a sus hermanos Angelo y Beppe. En la década de 1970 se unió al equipo juvenil del Milan y jugó su primer partido en la Serie A a la edad de 17 años, el 23 de abril de 1978. Forma parte de la leyenda que el Inter no lo quiso y acabó en el Milan, pero a la tercera, porque estaba claro que tenía algo que los demás no tenían. Su hermano Beppe acabó en el Inter y entre los dos resumían lo que simbolizaba el derbi para Milán, era un foto fija antes de cada choque.

En el club rossonero brilló muy pronto, mucho más porque fueron los dos años oscuros del descenso del equipo en Serie B, uno de ellos por escándalos de apuestas. El club tampoco tenía mucho dinero y eran los pobretones de la ciudad, en años duros de crisis y violencia para Milán, algo que cambió cuando llegó Berlusconi y les catapultó a la gloria. Pero Baresi ya estaba allí de antes, había mantenido la bandera y quedó como memoria histórica del equipo de los años duros. La Juventus y otros lo tentaban, pero él se mantuvo fiel a la camiseta, y eso también empezó a formar parte de su aura, la lealtad inquebrantable, junto a su estilo austero, serio y de pocas palabras.

Su palmarés habla por sí solo: 719 partidos con el Milan, 33 goles, 6 ligas, 3 Champions, por quedarse solo en la primera línea de trofeos. Siguen cuatro Supercopas de Italia, tres Copas de Europa, tres Supercopas de Europa y dos Copas Intercontinentales y una Copa Mitropa.

Estaba en el banquillo, aunque no llegó a jugar, con la Azzurra que ganó el Mundial de 1982. Jugó con Italia 82 partidos y en la Copa de Mundo ha quedado primero (1982), segundo (1994) y tercero (1990), todos los escalones del podio. Fue siete veces candidato al Balón de Oro, cuando era casi imposible que lo ganara un defensor, solo lo había obtenido Beckenbauer en los setenta, otro líbero legendario con el que habitualmente se le comparaba. De hecho también le llamaban Kaiser Franz. Luego solo lo han recibido Sammer y Cannavaro. “Para mí ha sido como jugar con Michael Jordan”, ha dicho su compañero Billy Costacurta. Para Marco Van Basten era “el Johan Cruyff de los defensas”.

Hace un año, en agosto de 2025, durante un chequeo rutinario, le detectaron un nódulo pulmonar que fue extirpado quirúrgicamente pero de lo que nunca se recuperó. Su última aparición pública en San Siro fue como portador de la antorcha en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Milan Cortina, junto al histórico capitán del Inter, Giuseppe Bergomi. Como reconocimiento a su extraordinaria carrera, el club retiró el dorsal número 6.

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