El doble ataque ruso contra un centro comercial de la localidad ucrania de Krivói Rog mató el viernes pasado a 16 personas y dejó 140 heridos, entre ellos 23 niños. El edificio sufrió el impacto de un dron y media hora después, cuando ya habían acudido al lugar los equipos de rescate, recibió un segundo golpe. Unas horas más tarde, otro bombardeo mató a tres niños en Mikolaiv, menos de 200 kilómetros al sudoeste. En un ritmo de ataques aéreos cada vez más frecuentes, el número de menores víctimas de la guerra vuelve a crecer y llegó en julio al nivel más alto desde abril de 2022: 17 niños murieron y 166 resultaron heridos.
Estas cifras, contabilizadas por la Misión de Observación de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ucrania (Hrmmu, por sus siglas en inglés), representan un aumento del 49% respecto al mes de junio (cuando se registraron siete muertes de menores y 116 heridos). En comparación, en abril de 2022, dos meses después del inicio de la invasión a gran escala rusa, perdieron la vida 62 niños y otros 149 resultaron heridos.
Los bombardeos rusos alcanzan zonas especialmente importantes para los niños. “Hemos visto que muchas viviendas han sido alcanzadas, muchas áreas infantiles y también espacios públicos o comunitarios, como escuelas y parques”, relata desde Kiev Vittorio Paolo Milanes, portavoz de Unicef en Ucrania.
En total, desde el inicio de la invasión rusa, en febrero de 2022, la misión de la ONU ha contabilizado 3.946 víctimas menores de edad en Ucrania: 820 niños fallecidos y 3.126 heridos. La entidad afirma que estima que la cifra real sea probablemente mayor, debido a la dificultad de contabilizar todos los casos, especialmente en los territorios ocupados por Rusia.
Una rutina bajo las bombas
El miedo a los bombardeos ya se ha convertido en una constante en la vida de los niños ucranios. “Han vivido con este miedo desde 2022. Cada vez que suena una alarma, simplemente te agachas y entras en pánico de forma natural”, cuenta Milanes por teléfono. Más allá de las alarmas, las explosiones también provocan pavor. “Para los niños sigue siendo una experiencia muy impactante y un miedo familiar cada vez que escuchan ese sonido, porque puede recordarles lo que vivieron en el pasado, si presenciaron una explosión, o el momento en que perdieron a un familiar o a un amigo en un ataque”, subraya el portavoz. Uno de cada cinco niños afirma haber perdido a un familiar o un amigo desde 2022, según Unicef.
A diferencia del inicio de la guerra, los bombardeos en zonas urbanas alejadas de la línea del frente son cada vez más comunes. Los proyectiles de largo alcance, misiles y drones, son la principal causa del aumento de las muertes de civiles en Ucrania, señala la Hrmmu. El espacio aéreo ucranio es particularmente vulnerable por la escasez de sistemas de defensa antiaérea, que deja a los civiles expuestos a los bombardeos rusos.
Los niños ucranios han de adaptarse a una rutina muy distinta de la de muchos otros menores del mundo. Una rutina a la que, recuerda Milanes, ninguno debería tener que acostumbrarse: “Bajar a un refugio, a una estación de metro, tener que permanecer allí toda una tarde o durante varias horas. Todo eso está afectando su salud mental”. Las cifras de la organización apuntan a que un 32% de los hogares reporta señales de malestar psicosocial en los niños.
Un edificio residencial en llamas tras un ataque aéreo ruso en Kramatorsk, en la región de Donetsk, al este de Ucrania, el martes.
PRESS SERVICE OF THE 93RD SEPARATE MECHANIZED BRIGADE HANDOUT (EFE)“Hemos verificado ataques que han afectado directamente a escuelas y hospitales, que constituyen violaciones graves contra los derechos de los niños en situaciones de conflicto armado”, asevera Milanes. Hasta junio, se han contabilizado más de 1.700 instalaciones educativas que resultaron dañadas o destruidas. “Cuando están en la escuela y suena una alarma, los niños también tienen que ir al refugio dentro de la escuela, interrumpiendo sus rutinas cotidianas”.
Muchas familias han tenido que dejar atrás sus hogares, escuelas, amigos y parte del entorno al que estaban acostumbradas. Unicef calcula que dentro de Ucrania hay 3,4 millones de personas desplazadas. Entre los niños, más de un tercio permanece desplazado.
En las zonas cercanas al frente, “muchos niños han tenido que aprender en línea o en una modalidad híbrida, lo que los priva de la socialización y del aprendizaje con sus compañeros, que son una parte importante de la experiencia educativa”, narra el portavoz de Unicef. “También se ven privados de oportunidades para jugar porque puede no ser seguro salir”. En estas regiones, la organización estima que cuatro de cada cinco niños ya no asisten a la educación de primera infancia.
Julio también ha sido el mes más mortífero para los civiles desde mayo de 2022. La misión de la ONU registró al menos 437 civiles muertos y 2.610 heridos. La suma de víctimas mortales y heridos es un 70% superior a la contabilizada el mismo mes del año pasado, cuando 312 personas murieron y 1.482 resultaron heridas. Ambos bandos niegan que los civiles sean el objetivo de sus ataques.
“Los niños están muriendo y resultando heridos en sus hogares, en sus parques infantiles y en sus comunidades”, declara Anne-Claire Dufay, representante de Unicef en Ucrania, en un comunicado publicado este martes. “Las escuelas y los hospitales están siendo atacados. Demasiadas vidas jóvenes han terminado demasiado pronto o han cambiado para siempre. Esto es inaceptable. Los niños necesitan paz”.

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