La culpa fue de Tsitsipas

hace 2 meses 1043

El sábado se vivió en Wimbledon uno de esos partidos que levantan comentarios, no tanto por el juego en sí como por algunos aspectos extradeportivos. El encuentro en cuestión, que enfrentaba al australiano Nick Kyrgios y al griego Stefanos Tsitsipas, iba transcurriendo con normalidad hasta que el primero, como viene haciendo de manera habitual y ha convertido ya en seña de identidad, sacó por debajo de la cintura. Y ahí es donde pasó lo que, a mi entender, no debería haber ocurrido.

El ateniense, visiblemente molesto, lanzó intencionadamente la pelota que le había servido su rival a la grada. Fue a partir de ese desafortunado momento cuando el partido se agrió y el heleno siguió en su empeño de intentar cazar con pelotazos a su oponente. En la rueda de prensa posterior, pidió disculpas por haber perdido el control y calificó a su rival de acosador, así como de tener un lado malvado.

En algunas ocasiones he sido crítico con el australiano a raíz de sus desplantes, de sus actitudes antideportivas, de sus recurrentes salidas de tono o de sus desafortunados comentarios. En esta ocasión, sin embargo, pienso que la metedura de pata en la pista es atribuible al griego.

Desde que Kyrgios empezó a sacar por abajo, se abrió un debate sobre si podía considerarse esa conducta como impropia. A mí, para nada me lo parece. No lo veo como una práctica falta de respeto. No está establecido en ningún sitio que el saque deba ser ejecutado por arriba y pienso, además, que podrían hacerse múltiples símiles en el marco de un partido de tenis o en la práctica de muchos otros deportes.

¿Es reprobable que un tenista intente engañar a su contrincante simulando la preparación para hacer un gran golpe y optar por una dejada en el último instante? ¿Era una falta de respeto o de menosprecio cuando Federer se colocaba muy cerca de la línea de servicio ante el segundo saque de sus rivales?

Yo lo considero más bien admirable y digno de aplauso. Es ofensivo y antideportivo el jugador que con este propósito hace las cosas, no el que con su creatividad o habilidad burla a un contrincante con la intención de ganarle un tanto.

Es cierto que Kyrgios es demasiado molesto, provocador y que puede sacar fácilmente de las casillas a sus oponentes. Sin embargo, me sorprendió enormemente que un tenista del nivel del actual número cinco del ranking de la ATP, uno de los candidatos como era a levantar el trofeo el próximo domingo, no sea capaz de controlarse, de contener su emoción y deseche la oportunidad de anotarse unos cuantos puntos en un partido y en un torneo de tanta importancia.

Los que nos dedicamos a este deporte sabemos sobradamente que los derroteros que toma un encuentro y, por consiguiente, su desenlace dependen en no pocas ocasiones de unas cuantas bolas. Está claro que Tsitsipas actuó en su propio perjuicio, falto de hábito para encajar esas situaciones ante las que un jugador se siente algo ridículo, e incapaz de controlar sus emociones y su nerviosismo.

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