Si la información que ha trascendido hasta ahora es buena, Donald Tang (Shanghái, China, 1963) está a pocos días —un par de semanas, como máximo— de sentarse al ordenador y pensar “misión cumplida” mientras actualiza su perfil de LinkedIn y pone fecha de cierre a su presidencia ejecutiva en Shein. Con un carácter decidido forjado desde la adolescencia, se unió a las filas de la compañía hace casi cuatro años con el objetivo, ahora muy cerca, de sacarla a Bolsa. Y antes de que suene la campana, según publicó Reuters el mes pasado y parece confirmar la ausencia de su nombre en los documentos para la oferta pública inicial, cederá el bastón de mando. No sería de extrañar que lo hiciese con más alivio que pena, porque el gigante de la moda barata llega al parqué desgastado y casi de rebajas.
Shein, de acuerdo con el Financial Times, busca una valoración inferior a los 30.000 millones de dólares en su estreno en el mercado de valores de Hong Kong. Esta cifra está muy por debajo de los 66.000 millones que alcanzó en una ronda de financiación privada en 2023 y a años luz de los 100.000 millones que rozó dos años antes. Los preparativos para su salida a Bolsa han permitido echar un vistazo a sus números, normalmente guardados con recelo, e imaginarse lo que puede pasar por la cabeza de los inversores.
En 2025, las ventas crecieron un 8% respecto a las del año anterior, muy por detrás del 21% y el 41% de los ejercicios precedentes. También se redujo su beneficio neto, que cayó casi un 39%. En el primer trimestre de 2026, la cosa no mejoró: la compañía registró pérdidas de casi 100 millones de dólares. Shein, que parece acusar las medidas adoptadas por EE UU y la UE, sus dos principales mercados, para gravar los envíos de paquetes de poco valor hasta ahora exentos, aspira a una valoración de entre 19 y 25 veces los beneficios del año pasado.
Tang, con una amplia experiencia en cultivar y estrechar relaciones empresariales entre Estados Unidos y China, ha sido el rostro visible y amable de la compañía. En estos años ha intentado desvincularla de la etiqueta de moda ultrarrápida y ha dado la cara en momentos críticos, como las acusaciones de explotación laboral y la crisis en Francia por la venta de muñecas con aspecto de niñas para fines pedófilos. Una persona que trabajó con él lo describió al Financial Times como carismático e inteligente y destacó su papel clave a la hora de dar forma al futuro de Shein.
Hijo de profesores universitarios, Tang nació y creció en Shanghái y llegó a Estados Unidos desde su China natal con 17 años, un inglés limitado y 20 dólares en el bolsillo. “Vine para quedarme. Vine por amor”, escribió en Los Angeles Times. A los 14 años conoció a Jean, su esposa desde hace años, en una competición de matemáticas y se propuso que se fijara en él. Urdió un plan un tanto inquietante que incluyó estudiar todo un verano para saltar al curso superior en el que estaba ella y convertirse en su alumno de refuerzo de inglés. Un día lo castigaron por no responder a una ronda de preguntas en una exhibición y ella sintió curiosidad por aquella trasgresión. “Esa fue mi oportunidad. Le expresé lo que realmente sentía por ella. El resto es historia”, contó.
La familia de Jean emigró a Estados Unidos a principios de los ochenta y él no pensaba quedarse atrás. Buscó en las páginas amarillas el número de la oficina del cónsul general de Estados Unidos y acabó hablando con él directamente. Le explicó, paso por paso, lo que tenía que hacer. Tardó meses en reunir los documentos necesarios y el primer funcionario ante el que se presentó, impaciente por obtener el visado, se lo denegó. Recurrió de nuevo al cónsul, que le consiguió una segunda cita con otro oficial que, esta vez sí, aprobó su permiso.
Estudió ingeniería química en la Universidad Estatal Politécnica de California, en Pomona, una ciudad cercana a Los Ángeles, mientras trabajaba en la hostelería. Cuando acabó la carrera, se postuló a más de 50 puestos de ingeniero y fue rechazado en todas y cada una de las ocasiones. “Si piensas que eres más listo que la persona que te entrevista… ¡se nota!”, dijo entre risas en el podcast The Twenty Minute VC.
Su salto al mundo de las finanzas se dio casi por casualidad. En un momento dado utilizó el sueldo de su esposa para invertir en Bolsa y su habilidad llamó la atención de su bróker, que le ofreció un puesto en Merrill Lynch. En 1993 fichó por Bear Stearns, el banco de inversión del que llegó a ser vicepresidente y director ejecutivo de sus negocios en Asia y que abandonó tras su caída y compra por parte de JP Morgan en 2008.
Entre 2009 y 2013 ejerció como director ejecutivo del grupo chino Citic Securities International Partners y después estuvo al frente de Daley and Tang Partners LLC, una consultora que puso en marcha junto a un exalcalde de Chicago. En 2015 fundó Tang Media Partners, una compañía que aspiraba a servir de puente entre China y Estados Unidos para la industria cinematográfica, pero que no prosperó como esperaba. En 2021 empezó a asesorar a Sky Xu, cofundador y director ejecutivo de Shein, y en noviembre de 2022 se incorporó a la compañía como vicepresidente ejecutivo. Un año más tarde, ascendió al cargo que todavía ostenta.
Antes de llegar a la Bolsa de Hong Kong, Tang llamó a las puertas de Nueva York. Pero esta vía se cerró por el escrutinio político y normativo del país norteamericano respecto a los orígenes chinos de Shein, que desde 2022 tiene su sede en Singapur, y las acusaciones de trabajo forzado, entre otros factores. Tang y su perro Saatchi se dejaron ver entonces por Londres. Los reguladores británicos aprobaron preliminarmente sus planes, pero China, a cuyas normas está sujeta por su origen y operativa en el país, frustró la salida por desacuerdos sobre la divulgación de riesgos.
El estreno en el parqué de Hong Kong marcará el final de una etapa para Tang y abrirá una nueva para Xu, quien se prevé que asuma el cargo. No sabemos si el director ejecutivo, famoso por su carácter escurridizo y hermético, habrá tomado notas de su predecesor, pero el carisma, la resiliencia y la seguridad innata parecen fundamentales para estar al frente de una empresa siempre, y no sin razón, en el punto de mira.

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