Diagnosticar desde una foto: no, el problema no es el cuerpo de Ariana Grande

hace 2 horas 54

De nuevo, el cuerpo de una mujer en el centro del debate público. Ahora es el de Ariana Grande, pero no quiero olvidar el caso de Itziar Castro, a quien no se la dejó ni siquiera morir en paz sin que su cuerpo fuera un tema de conversación.

Hay un debate público sobre si la artista tiene un trastorno de la conducta alimentaria, concretamente anorexia, y muchas voces sostienen que sus familiares o su discográfica deberían apartarla de la escena pública. Algo que, según ha anunciado la propia Ariana, ocurrirá cuando termine la gira en la que está inmersa.

La realidad es que, desde la nutrición y como profesional especializada en trastornos de la conducta alimentaria, con más de 15 años de experiencia pasando consulta, una imagen no nos da esa información. Es evidente que Ariana ha perdido peso en el último tiempo y que actualmente la vemos más delgada. Pero eso no significa que tenga anorexia. Una pérdida de peso puede deberse a muchísimas causas: un duelo, una depresión, una enfermedad, una situación personal… Hay infinidad de factores de los que nosotros no tenemos ninguna información, por mucho que sea una persona pública.

Los comentarios no cesan y, en las publicaciones de la propia artista, se afirma con seguridad que tiene un trastorno de la conducta alimentaria (TCA). No solo se habla de su cuerpo con total impunidad, sino que además se le diagnostica.

A veces los comentarios se envuelven de preocupación y eso parece justificarlos. Pero escribirle comentarios sobre su cuerpo a Ariana Grande en redes sociales no va a mejorar su salud. Si somos honestos, ¿los comentarios hacia tu cuerpo te han ayudado a cuidarte más? ¿O solo han fomentado la hipervigilancia y han aumentado la vergüenza corporal? Lo que genera es control sobre el cuerpo y una preocupación todavía mayor por cómo nos vemos.

El conocimiento actual sobre los trastornos de la conducta alimentaria está muy sesgado y limitado por la corporalidad. Por eso no quiero perder la oportunidad de aclarar que los TCA se dan en todo tipo de cuerpo. La anorexia no está limitada a pesos muy bajos; este mito tan extendido hace que personas que, estando enfermas, al no estar “lo suficientemente delgadas”, no consideren que necesitan ayuda.

Es tal el enfoque pesocentrista y gordofóbico que tenemos en el mundo y en el ámbito sanitario, que el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-V recogió la anorexia atípica como aquella anorexia que cursa con la misma sintomatología que la anorexia, pero no se da en pesos bajos, cursa con normopeso e incluso sobrepeso según el IMC (índice de masa corporal).

Y, por otra parte, si de verdad estamos preocupados por su salud, creo que deberíamos hacernos otra pregunta: ¿qué podemos hacer como sociedad para dejar de presentar la delgadez como algo deseable, alcanzable e igualable? ¿Qué podemos hacer para dejar de asociar la delgadez con el éxito?

Por eso creo que podemos hablar de la cultura de la delgadez, de la presión estética y de cómo estamos normalizando determinados ideales corporales. Pero deberíamos dejar de convertir el cuerpo de una mujer concreta en objeto de escrutinio y, sobre todo, dejar de diagnosticar trastornos de la conducta alimentaria a partir de una fotografía.

Estamos ante un problema estructural cuando la delgadez se sigue presentando como un ideal y, además, ahora aparece envuelta en un discurso de salud a través de los análogos del GLP-1, mientras vemos que también se está produciendo un uso estético de estos fármacos.

Entonces, ¿qué podemos hacer nosotros individualmente? Podemos dejar de consumir y de promocionar medios y contenidos que solamente ensalzan el éxito de una mujer cuando está delgada, cuando es joven o cuando encaja en determinados cánones estéticos.

Podemos trabajar por la diversidad corporal, dejar de patologizar la obesidad. Podemos dejar de comentar los cambios estéticos de la gente, ya sean personas públicas, familiares o vecinos.

Podemos preguntarnos qué ideales de belleza estamos reproduciendo y si realmente queremos seguir asociando el valor de una mujer con unos cánones que están atravesados por expectativas de género y por una mirada profundamente patriarcal.

Podemos dejar de consumir el contenido en redes sociales que solo tiene como finalidad la delgadez. Se puede observar en diferentes tipos de trends y vídeos de “ser flaca es el outfit”, “todo lo que como en un día” o “cómo conseguir este cuerpo”. Este tipo de contenido puede hacer que la delgadez se perciba como un ideal y generar presión por conseguir un determinado cuerpo.

Y también podemos preguntarnos de qué manera estamos protegiendo a las niñas y adolescentes que tenemos alrededor, independientemente de lo que estén promoviendo las redes sociales. ¿Cómo hablamos de nuestro cuerpo? ¿Cómo hablamos de la comida y del ejercicio? ¿Les estamos transmitiendo la idea de que, si son delgadas, van a ser exitosas? ¿Les hablamos de la comida en términos de buena, mala, “basura”? ¿Les decimos que tienen que comer porque necesitan tener energía? ¿O les decimos que coman, pero que tampoco se pasen? ¿Les decimos que hay ropa para su tipo de cuerpo? ¿O dejamos que se vistan como se sientan cómodas?

¿Comemos lo mismo que ellas o evitamos esos alimentos porque “a mí me engordan”? ¿Les enseño que la comida hay que ganársela? ¿O les permito comer de manera incondicional?

Porque quizá esa es la conversación que deberíamos estar teniendo. No sobre si podemos diagnosticar a Ariana Grande mirando una fotografía. No sobre si debiéramos juzgar su cuerpo o decidir qué debería hacer con él.

Sino sobre qué estamos haciendo nosotros para dejar de alimentar una cultura en la que la delgadez se presenta como sinónimo de éxito, salud, belleza y valor. Porque el problema no es solo que opinemos sobre el cuerpo de una mujer. El problema es todo lo que hay detrás de esa mirada: la idea de que existe un cuerpo correcto, de que la delgadez es un objetivo que debemos perseguir y de que nuestro valor puede medirse en función de cuánto nos acercamos a él.

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