Se les pide con más o menos insistencia a las mujeres agredidas que denuncien. Pero seguimos sin fiscalizar como se merece el sistema que las tiene que proteger
Una imagen de la serie 'Creednos'.
La falta de originalidad de una obra de ficción a menudo —y con razón— puede ser considerada una de sus mayores debilidades. Esta peli ya la he visto, rezongamos frente a la pantalla. Pero cuando esa ausencia de singularidad proviene de la realidad de la que la obra es deudora, merece la pena hacerse otras preguntas. Me digo esto mientras veo Creednos, serie de la británica ITVX que acaba de estrenar Movistar Plus. Creednos es una traslación a la ficción del caso de John Worboys, conocido como el violador del taxi negro, uno de los agresores sexuales en serie más conocidos en el Reino Unido, que actuó en la primera década de los 2000.
Ya desde su título, o más bien desde su traducción al español, cualquier espectador avezado puede darse cuenta de algo: el Believe me original ha sido llevado a la primera persona del plural muy probablemente para evitar la coincidencia con Creedme, título en castellano de otra serie, en este caso de Netflix –en inglés Unbelievable–, adaptación de un reportaje periodístico premiado con el Pulitzer sobre un violador en serie estadounidense, que narra cómo una de sus víctimas, ante el desamparo policial, llegó a afirmar que se había inventado la violación que había sufrido. También vimos hace dos años la francesa El caso del Sambre con un protagonista similar, que no es ni las supervivientes de las agresiones, ni los agresores: es la deficiencia de las fuerzas de seguridad a la hora de proteger a las mujeres que acuden a ellas. Y que además propicia que los agresores campen a sus anchas y reincidan sin miedo. Más de 100 mujeres cree la policía que llegó a agredir John Worboys antes de ser detenido. ¿Quién puede culpar a las que no acudieron a una policía que despreció los testimonios e indicios de las 12 que declararon en primera instancia?
Se les pide con más o menos insistencia a las mujeres agredidas que denuncien. Pero seguimos sin fiscalizar como se merece el sistema que las tiene que proteger. Y al menos, aunque con secuelas, las protagonistas de estos casos lo pudieron contar. ¿Qué les decimos a las familias y amigos de las 12 mujeres, de las 36 asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que va de 2026, que habían denunciado? ¿Qué país civilizado se puede permitir que un tercio de las fallecidas por violencia de género no hayan sido protegidas como es debido tras acudir a una comisaría? Permítanme que vuelva a mi negociado: esa serie la tenemos pendiente en España.

hace 8 horas
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